El Legado del Sin Embargo recupera la barata filosofía que arropó mis primeras teorías sobre el entretenimiento electrónico. Lejos de tal despropóstio se os sirve esta secuela, pretendo saborear mis extremos más allá de ser sincero. Una ventana que refleja lo que nunca llegaré a ser. Pedídle a un espejo que sea transparente y podréis ver quién tenéis enfrente.
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